Desaprender lo aprendido, para vivir mejor. Por Lic. Marina Fernández


 El bioquímico y estudioso del funcionamiento cerebral, Joe Dispenza, defiende el poder que posee el ser humano para reinventarse cada día. Habla de química, de física, de hábitos, de reprogramación y de una inteligencia superior. Cree en la capacidad de construir y conducir el propio cerebro, y a través de éste, influir en el cuerpo.


 Hace algo más de veinte años, Joe Dispenza, fue arrollado por un todo terreno cuando participaba en un triatlón. A causa del accidente,  su  médula quedo lesionada y podría quedarse paralizado en cualquier momento. 

 Dispenza, que era quiropráctico, sabía muy bien lo que eso significaba: una discapacidad permanente y, muy probablemente, con un dolor constante. Su decisión fue arriesgada: intentaría ayudar a su cuerpo a que se recuperara de manera natural, conocía bien todo lo concerniente a huesos y músculos e ideó un plan de acción que incluía autohipnosis, meditación, una dieta que ayudara a sus huesos a regenerarse y ciertos ejercicios en el agua. Se recuperó en un tiempo récord y decidió ahondar en el tema. Estudio las remisiones espontáneas de enfermedades y le sorprendieron tanto los resultados que decidió volver a la universidad para intentar explicar científicamente lo que había descubierto: el poder de nuestro cerebro como director ejecutivo del cuerpo.

Joe postula que:

“Podemos cambiar la mentalidad al crear nuevos cableados en el cerebro y fortalecerlos con nuestro pensamiento”.

Cambiar la forma de pensar… porque nuestros pensamientos crean nuestra propia realidad. Para lo cual, una persona que desee y quiera cambiar sus creencias, las cuales heredó, lo primero que debe hacer es,  reinventarse a sí misma para llegar a ser Otro. Estudios científicos, en neurociencias muestran que esto es totalmente posible.

Veamos: el lóbulo frontal representa un 40% ciento de la totalidad del cerebro, y cuando estamos de verdad concentrados o focalizados (en alguna tarea, o aquello que quieras conseguir), el lóbulo frontal actúa como un control de volumen. Como tiene conexiones con todas las demás partes del cerebro, puedo rebajar el volumen del tiempo y del espacio. En otras palabras, los circuitos que tienen que ver con mover tú cuerpo, sentirlo, percibir lo que hay fuera y percibir el tiempo pasan a un segundo plano, y el pensamiento se convierte en la experiencia en sí, es más real que cualquier otra cosa. De este modo el lóbulo frontal elimina todo lo que no es prioritario para focalizarse en un único pensamiento, y es en ese momento en que el cerebro rehace su cableado.


Aquello en lo que pensamos y en lo que concentramos nuestra atención con más frecuencia es lo que nos define a escala neurológica.
Un reciente estudio demuestra que las grandes ideas surgen cuando uno está relajado, pensando en otras cosas. Entre la intención y el rendirse.

Antes se creía que la parte derecha del cerebro es la parte emocional o sentimental, el lado creativo, y la izquierda, la racional o lógica. Pero de hecho, el lado derecho del cerebro es el responsable de procesar la novedad cognitiva, las nuevas ideas que, cuando ya están memorizadas, cuando se convierten en familiares, pasan al lado izquierdo del cerebro. Es lo que conocemos como rutina cognitiva.
           

 Hay varias tareas, que realizamos en forma automática, por ejemplo, lavarse los dientes. Todas aquellas conductas que hacemos sin pensar.

Tenemos la oportunidad de aprender cosas nuevas y recordarlas, es la manera que tiene la evolución de hacer conocido lo desconocido. Podemos cambiar nuestra mentalidad. Al crear nuevos cableados y fortalecerlos con nuestro pensamiento, dándoles prioridad,  y los que no utilizamos tienden a desaparecer.

El cerebro no puede cambiar el cerebro porque es sólo un órgano, y la mente no puede cambiar el cerebro porque es un producto del cerebro. Así que tiene que existir algo que está operando en el cerebro para que cambie la mentalidad.
“Si cada mañana nos planteáramos cuál es la mejor idea que puedo tener de mí mismo, tendríamos otro tipo de realidad” porque se trata de la búsqueda del ser, es decir que para cambiar nuestras creencias, tenemos que transformarnos a nosotros mismos.

Nuestros pensamientos provocan reacciones químicas que nos llevan a la adicción de comportamientos y sensaciones y que cuando aprendemos cómo se crean esos malos hábitos, no sólo podemos romperlos, sino también reprogramar y desarrollar nuestro cerebro para que aparezcan en nuestra vida comportamientos nuevos.

Cada vez que pensamos fabricamos sustancias químicas,  y estas sustancias a su vez son señales que nos permiten sentir exactamente cómo estábamos pensando. Así que si tienes un pensamiento de infelicidad, al cabo de unos segundos te sientes infeliz. El problema, es que en el momento en que empezamos a sentir de la manera en que pensamos, empezamos a pensar de la manera en que nos sentimos, y eso produce aún más química. Se crea lo que se llama, el estado de Ser. La repetición de estas señales hace que algunos genes estén activados y otros apagados. Memorizamos este estado como nuestra personalidad, así que la persona dice: “Soy una persona infeliz, negativa, o llena de culpa”, pero en realidad lo único que ha hecho es memorizar su continuidad química y definirse como tal. Nuestro organismo se acostumbra al nivel de sustancias químicas que circulan por nuestro torrente sanguíneo, rodean nuestras células o inundan nuestro cerebro. Cualquier perturbación en la composición química constante, regular y confortable de nuestro cuerpo dará como resultado un malestar. Para evitar este mal- estar y como consecuencia, sentirse mal, podemos forzar al cerebro a pensar con otros patrones o secuencias, así estamos creando una nueva mente.

 El principio de la neurociencia es que si las células neuronales se activan conjuntamente, se entrelazan creando una conexión más permanente. Una persona ante una situación, por nueva que sea, recurre a esa conexión, es decir, repite el mismo pensamiento una y otra vez y da las mismas respuestas, su cerebro no cambia, vive con la misma mente cada día. De allí la frase «mejor bueno conocido, que malo por conocer», nos quedamos con lo conocido y no arriesgamos a cambiar por lo nuevo.

«Lo conocido es Cómodo, aunque quizás no te brinde plena satisfacción».


¿Cómo cambiar?
 A través del proceso de conocimiento y de la experiencia podemos cambiar el cerebro. La idea es examinar, constantemente, qué podemos cambiar dentro de nosotros. Ser consciente en aquello que quiero para Mí. Si cada mañana nos planteáramos cuál es la mejor idea que podemos tener de nosotros mismos, tendríamos otro tipo de Realidad.

¿Que debemos hacer para sentir de otra manera?
 La mayoría de las personas cree que las emociones son reales. Las emociones y los sentimientos son el producto final, el resultado de nuestras experiencias. Si no hay experiencias nuevas o vividas de otra manera, vivimos siempre en la actualización de sentimientos pasados. Se trata del mismo proceso químico vez tras vez. Una pregunta que ayudaría a cambiarnos es: ¿qué sentimiento tengo cada día que me sirve de excusa para no cambiar? si podemos eliminar  estados emocionales destructivos, empezamos a liberarnos, porque son estos estados emocionales los que nos impulsan a comportarnos con grandes almacenes de recuerdos. 

Te propongo que te cuestiones; ¿Cuál es el mayor ideal de mí mismo? ¿Qué puedo cambiar de mí mismo para ser mejor persona?

Pero saber quién quieres ser no es suficiente para cambiar tu cableado cerebral. 

El conocimiento es lo que precede a la experiencia. Aprender una información es personalizarla (hacerla propia, introyectarla) y aplicarla.  Debemos modificar nuestro comportamiento para poder tener una nueva experiencia que a su vez crea nuevas emociones. El conocimiento es para la mente; la experiencia, para el cuerpo. Tenemos que enseñar al cuerpo lo que la mente ha entendido intelectualmente. Si seguimos repitiendo esa experiencia, se archiva en un sistema nuevo en el cerebro, y eso permite pasar del pensar al hacer, al ser.

El siguiente paso es cambiar hábitos de comportamiento, tiene que haber acción.

Acciona, no sólo te quedes con el pensamiento en la cabeza… tenés que llevarlo a la acción.
El hábito más grande que tenemos que romper es el de ser nosotros mismos, porque la neurociencia y la psicología dicen que la personalidad ya esta formada antes de los 35 años, eso significa que tenemos los circuitos hechos para poder enfrentarnos a cualquier situación y, por lo tanto, vamos a pensar, a sentir y actuar de la misma manera el resto de nuestros días. Pero es posible cambiar la personalidad en todas las etapas de la vida, para eso hay que convertir el hábito inconsciente en algo consciente (tomar consciencia de  aquello que se repite), llegar a tener conciencia de esos pensamientos y sentimientos inconscientes.
 

El primer paso siempre es aprender. Mientras vamos aprendiendo nueva información y empezamos a pensarla, la contrastamos con nuestras creencias y la analizamos, estamos cambiando nuestro cableado, construyendo una nueva mente. Una vez que esa nueva mente está establecida, tenemos que empezar a pensar cómo mostrarla, y ahí entra el cuerpo. Cualquier proceso de cambio requiere el desaprender y el reaprender.

Si queres un cambio en tú vida, tenés que Des-a prender lo aprendido y construir lo nuevo; nuevas ideas, nuevos pensamientos, nuevos hábitos, nuevas creencias y así lograrás una nueva Vida…

¿Te animás?…

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